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Elías Pino Iturrieta // Oscuranas, linternas y castigos

Una linterna en la mesita de noche capaz de conducir a la meta de una micción solidaria

La demagogia puede tener límites? ¿Puede, por fin, la lengua del mandón enredarse en su propia longitud hasta perder la eficacia que ha tenido? La posibilidad no existe, de acuerdo con el individuo que la utiliza, pues sus recientes alardes demuestran la confianza que todavía le otorga. Son de tal magnitud los excesos a que ha llegado en su intento de explicar la incuria del gobierno en la atención del problema de energía eléctrica, que aún lo apreciamos altamente esperanzado en el magnetismo de sus discursos. Pero eso es lo que él siente, sin contar con el agotamiento de la paciencia de los destinatarios, ni con el ocaso de su credulidad. Lo que se atrevió a afirmar hace poco sobre las medidas para la reposición de la electricidad, sobre el uso de linternas y sobre el castigo de los derrochadores de fluido, sirve para plantear el asunto con propiedad.

Achacó otra vez el problema al gobierno anterior, estrambótica concesión de crédito a sus palabras si recordamos que ya va para once años al frente de la administración. Pero también excesivo desaire de quienes lo escuchan, que también saben manejarse frente al calendario como para calcular el tiempo perdido por el hablador en anunciar el nacimiento de una época en la cual, convertido en cenizas el pasado, todo sería dorada felicidad. Echarle la culpa de los problemas del país a los adecos y a los copeyanos ha sido una constante de su borrachera de palabras, un sonido familiar para quienes se han acostumbrado a las maromas de su oratoria, pero que los relacione con un entuerto sobre cuyas inminencia y magnitud han abundado los informes desde el año 2000, sin que el oficialismo siquiera se haya ocupado de un remiendo, no sólo significa que todavía cree en el hechizo de su verbo sino también en el candor de quienes lo reciben.

De allí que, después de barrer el suelo con la socorrida "cuarta república", haya buscado culpables en la ciudadanía. No estamos frente a defectos o fallas de la "revolución", se atrevió a asegurar, sino ante la irresponsabilidad de las gentes que llegan al extremo de encender lámparas cuando se levantan de madrugada a orinar. En lugar de hacer sus necesidades a oscuras, como corresponde a un miador consciente de sus responsabilidades ante el país. En lugar de pensar en la república antes de depositar sus residuos en el inodoro, como corresponde a los buenos hijos de la patria. En lugar de aguantarse hasta la salida del sol para no incurrir en dispendios, como haría cualquier patriota debidamente disciplinado. ¿Qué les cuesta ir a tientas hacia el baño, mientras luchan con los caprichos desestabilizadores de la vejiga? Menos mal que, en lugar de quedarse sin hacer nada que no sea mover la lengua, ahora encontró un desenlace de su propia cosecha: que cada quien tenga una linterna en la mesita de noche, capaz de conducir a la meta suprema de una micción solidaria.

O que se atengan a las consecuencias, concluyó amenazante. Propuso "castigos disciplinarios" para los derrochadores de energía eléctrica, sin llegar a detallarlos. Serían reprimendas que no sólo caerían sobre quienes resultaren culpables de orina trasnochada, sino también -y aunque no lo crea el lector- contra empresas como Polar, por cometer el "delito" de gastar energía en sus fábricas de alimentos y bebidas. Quizás esté estudiando el punto para sorprendernos en breve con novedades, pero ya el programa de sanciones cuenta con un criterio previo: "magnitud de tu falta, magnitud de tu sanción", según asomó. El criterio no funciona para el caso en torno al cual está planteado, pues busca en la esfera privada infracciones que no existen para librar de culpas a la "revolución" y a quien la encabeza, pero puede convertirse en herramienta de justicia para quienes sufren, entre otros problemas sin cuento, las carencias de electricidad cuyo culpable es el gobierno. "Magnitud de tu falta, magnitud de tu sanción". Seguramente la demagogia del mandón no ha llegado a calcular cómo puede tal presupuesto ser el cuchillo de su pescuezo.

Porque, ¿qué le pasaría al proponente si el pueblo de Venezuela, harto de tantas burlas, se pone, con toda la paciencia del mundo y con la cabeza fría, a calcular el tamaño de la irresponsabilidad de quien otra vez se erige como juez y verdugo de la sociedad, a medir lo abultado de su lista de patrañas o de su hábito de incumplimientos, y la impudicia de sus maneras de escurrir el bulto? Una linterna bastaría para llegar hasta la meta de un fundado repertorio de cargos, para sentarlo en el banquillo con sobradas razones. "Magnitud de tu falta, magnitud de tu sanción", dice el mandón ante la gravedad de un cortocircuito, sin pensar en que alardea con un afilado bumerán.

eliaspinoitu@hotmail.com


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