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"Soy babalao, no brujo"

Oswaldo Guillén entró a la santería hace 18 años por su afición a la salsa

BILLY RUSSO

ENVIADO ESPECIAL/EL UNIVERSAL

Chicago.- Abre la gaveta de su locker y saca una bolsa zyploc. En su interior hay un polvo marrón hecho con cola de caballo y otros misteriosos ingredientes, que no revela completamente. Con los dedos de su mano derecha agarra un poco y se lo coloca en la cabeza.

Cada día, diez minutos antes del juego, es la misma rutina. Y es que, es esa la protección que para este año los santos le recomendaron a Oswaldo Guillén, santero desde hace 18 años.

"Todo comenzó por mi afición a la salsa, porque siempre veía a los salseros con esos grandes collares y pulseras de colores, sobre todo en la época de La Fania, Héctor Lavoe y Ray Barreto", dice el manager venezolano de los Medias Blancas de Chicago, quien a diferencia de sus ídolos, es bien modesto y sólo lleva una fina pulsera verde y amarilla, en su mano izquierda, como símbolo de fe santera.

Sin embargo, el hecho motivo su entrada a esta religión, que cada día se hace más común dentro del beisbol, fue un accidente automovilístico, en 1980.

"Yo iba con un amigo en el carro. Estaba manejando yo, y de repente otro carro nos chocó por detrás. Fue bastante feo el accidente, el carro se rompió en dos y a mí no me pasó nada, no sé por qué. Después de eso fui a consultarme a donde un santero y desde ese día estoy en esta religión, que de verdad me encanta", expresa Guillén, recostado en la silla que tiene en su oficina, que por cierto acaba de cambiar, porque no tenía espacio. Ahora su escritorio está delante de una nueva foto familiar, ya la de Padrón Panza, quedó a un lado, en la pared que está a su izquierda.

Pese a tener casi 20 años en la santería, Guillén dice no ser un religioso fanático.

"Me gusta, me encanta, pero no soy fanático. Nunca he ido a Cuba, porque creo que allá no están los mejores santeros, creo que los mejores están en Venezuela. Yo respeto a todas las religiones. Yo también soy católico", dice el estratega criollo.

Aunque se pudiera pensar que Guillén entró a este mundo por la magia, si es que existe, y que ha sido ésta la que lo ha hecho un triunfador en su vida, el nativo de Ocumare del Tuy aclara que no fue, ni es así.

"Mucha gente piensa que soy un brujo y que todo lo que conseguido por eso. Pero es mentira. Yo busqué esta religión por salud y firmeza que es lo que uno le pide a la vida. Además uno siempre necesita creer en algo. Obviamente de que vuelan, vuelan, pero si yo no hubiese hecho las cosas bien, no tendría en estos momentos todo lo que tengo. Eso es igual, en esta religión y en las demás. Ni Changó ni Ochún jugaron beisbol nunca, así que no sé que habla la gente", argumenta Guillén.

Dentro de la familia Guillén no hay nadie que se haya escapado a los encantos de la santería. Eso sí, todos lo hicieron por elección individual.

"Mis tres hijos (Ozzie, Oney y Ozney) son babalaos, igual que yo, y mi esposa (Ibis) es santera. Esto no fue por obligación de nadie, aquí cada quien escogió lo que quería ser. Esa es una de las cosas bonitas de esta religión, quien puede entrar el que quiera y que nadie va a ir a tu casa a tocarte la puerta, para que seas parte de ella", comenta el número 13 de los Medias Blancas, quien confiesa consultarse una vez al año y mantenerse con esa letra (recomendación, diagnóstico) se mantiene 365 días.

A Guillén le gustaría tener más tiempo para involucrarse en la santería, pero su trabajo como manager no lo permite. Sin embargo, cada vez que visita a Venezuela estrecha lazos con su padrino Efraín Jiménez, de Cagua.

"Cuando estoy allá siempre hacemos ceremonias. Son rituales muy bonitos. Este es mundo muy interesante y fuerte. Yo tengo mucho que agradecerle porque he aprendido bastante de la vida", comenta Guillén, quien finaliza diciendo: "Los mejores santeros del mundo están en Venezuela, no en Cuba como mucha gente piensa".

brusso@eluniversal.com

 


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