FRANK LÓPEZ BALLESTEROS
ENVIADO ESPECIAL EL UNIVERSAL
Medellín, Colombia.- "Con el fusil te sientes
dueño del mundo. Desde pelao, uno se enfrenta a la muerte,
pero te ríes de ella porque te hacen ver poderoso". Sin
vacilar, con voz suave y monótona, Eduardo Guativón
refleja su experiencia dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC).
Entró a esa guerrilla con 14 años de edad. Se desmovilizó
nueve años más tarde, en 2005. Cabizbajo y con disimulo
enuncia una premisa única: "No me arrepiento de haber
estado allí porque es la prueba de que no debo volver
a hacer la guerra, espero que la gente me sepa perdonar, aunque
no hice mal".
Desde Necocli, un municipio de la subregión del Urabá
antioqueño, zona testigo de matanzas perpetradas por
paramilitares y de enfrentamientos entre guerrillas, Eduardo
se apresta a contar "parte de su vida".
Tiene sendos brazos marcados de cicatrices. "Me las gané
en una pelea con un 'paraco' desmovilizado, ellos son más
malos que nosotros" -comenta frunciendo sus labios y apretando
sus puños con cólera-.
Controla su ímpetu y agrega, como defendiendo sus acciones:
"ellos mataban a campesinos, nosotros no. Ahora que están
fuera de todo pelean con nosotros y nos amenazan con matarnos,
pero uno ya no les teme, otra vez Diosito está conmigo".
Los desafíos en Colombia tienen dos aristas. Una, de
los que quieren seguir en la guerra, y otros, de los que buscan
que termine. El reto de Eduardo es el común para los
cerca de 46 mil desmovilizados de las guerrillas y grupos
paramilitares que se han acogido al programa de la Alta Consejería
para la Reintegración del actual gobierno.
Frank Pearl, Consejero Presidencial para la reintegración
y unos de los artífices de este programa, asegura que
la lucha debe ser "no sólo contra la violencia sino contra
sus orígenes".
Con las secuelas de la guerra en sus subconscientes, el programa
de la Alta Consejería busca crear las condiciones que
permitan la transformación de los desmovilizados para
ir fortaleciendo las bases sociales y económicas de las
miles de comunidades que quedaron afectadas por los enfrentamientos
armados. "Queremos promover la convivencia y la reconciliación
nacional", enfatiza Pearl.
Desde 2002, 47 mil rebeldes se han apartado de las armas.
35 mil son paramilitares y 11 mil de las FARC y el Ejército
de Liberación Nacional (ELN).
"El programa ha funcionado porque todos los rebeldes se han
dado cuenta del mal que hacían; les damos todo el apoyo
posible", explica Andrea Restrepo, psicóloga del programa.
Regresar de la selva, donde la nada es la ley es una tarea
moral difícil. "Nuestra meta es que a más tardar
en 2016 no existan grupos armados al margen de la ley, y que
estas personas sean aceptadas sin discriminación, mucha
gente no comprende ese error", enfatiza Pearl.