ADOLFO P. SALGUEIRO
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
El drama boliviano acaba de dar un nuevo giro. Evo se está
jugando todo a Rosalinda aceptando la reactivación del
referéndum revocatorio (ahora con la novedad de incluir
a su vicepresidente Álvaro García Linera) que él
mismo propuso en diciembre de 2007 cuando creía que lo
ganaría.
Los diputados aprobaron entonces el proyecto, pero el Senado,
dominado por la oposición, lo retuvo para sacarlo en
el momento menos oportuno para Evo cuando acaba de ser revolcado
feamente en la consulta de Santa Cruz.
Evo no ha tenido más remedio que aceptar la jugada.
Seguramente que en su mente debe estar como primera cosa obtener
que los referenda que están pautados para los departamentos
de Beni, Pando y Tarija para el mes de junio sean suspendidos.
En el ínterin se reavivarán las tensiones raciales,
étnicas y, sobre todo económicas entre la población.
La dupla Evo/Hugo se jugará para lograr que el clima
político llegue a una polarización extrema, especialmente
en las zonas altas del país donde aymaras y quechuas
son mayoría determinante. Agitadores profesionales de
la muy poblada ciudad de El Alto seguramente harán los
destrozos de rigor que han venido siendo moneda corriente
en el accionar político boliviano de la última década.
El referéndum que se va a hacer confiere ventajas a
Evo y desventajas a los nueve prefectos departamentales.
Para destituir a Evo y su vicepresidente hace falta al menos
un voto más que el número que obtuvieron para llegar
al cargo en las elecciones del año 2006 que fue de 1.544.374,
equivalente a 53,7% de los votos válidos emitidos entonces.
Vale decir, pues, que la considerable abstención registrada
en Santa Cruz, si se repite en el ámbito nacional, beneficiaría
al oficialismo.
Otra ventaja es que si Evo pierde el referéndum tiene
entre tres y seis meses para convocar nuevas elecciones presidenciales,
mientras que los prefectos deberán dejar su cargo en
forma inmediata y ser sustituidos por gente nombrada interinamente
desde La Paz, o sea, aliados del Gobierno central.