CARACAS, lunes 05 de noviembre, 2007 | Actualizado hace
Seguramente quienes planificaron, financiaron y ejecutaron
el secuestro de Estado en Caracas, en diciembre del 2004,
contra mi persona jamás imaginaron que llevaban esposado
con las manos atrás, encapuchado y metido en el maletero
de aquel vehículo de color azul utilizado para el plagio,
alguien que se convertiría, por lo absurdo de tal acción,
en centro de las miradas de los pueblos y gobiernos de Colombia
y Venezuela y de la opinión pública internacional.
El Sr. Uribe se creyó con pleno derecho de imitar a
Bush, quien estaba en la ejecución de actos de piratería
violatorios de la soberanía nacional de países de
los cinco continentes, secuestrando revolucionarios, llevándolos
a cárceles secretas de Estados cómplices mediante
vuelos y aterrizajes secretos contando con la complacencia
de quienes se sumaron a su obsesiva "guerra infinita" lanzada
para adelantar su también absurda lucha contra el terrorismo.
Los secuestros en el exterior, y especialmente en territorio
venezolano, ejecutados contra opositores del régimen
Uribista, es una práctica constante del gobierno colombiano.
Antes de que ocurriera lo mío otras personas, sobre las
que tendieron sus trastornadas sospechas de pertenecer a las
FARC-EP y al ELN corrieron igual o peor suerte. Después
de mi secuestro fueron reportados nuevos casos sin que la
denuncia nacional e internacional lograra ponerle fin a estos
crímenes.
Amparados en la impunidad que los cobija, un grupo de la
más alta jerarquía del gobierno colombiano que había
declarado organización terrorista a las FARC y ordenado
la captura o asesinato de integrantes de la Comisión
Internacional de nuestra organización Guerrillera en
cualquier país donde se encontraran, dio vía libre
al Secuestro en Caracas.
Por acción u omisión, son responsables: Álvaro
Uribe Vélez (Presidente de Colombia), Francisco Santos
(Vicepresidente), Alberto Uribe Echevarria (ex ministro de
la defensa), el General Jorge Daniel Castro (exdirector de
la policía nacional), Oscar Naranjo (hoy General y directos
de la policía nacional), Jorge Noguera (ex director del
Departamento Administrativo de Seguridad DAS, quien en estos
momentos está detenido por sus nexos con los grupos paramilitares),
Camilo Osorio (ex fiscal general de la nación, actualmente
embajador en México y también investigado por paramilitarismo),
y un grupo de oficiales y suboficiales de la policía,
el ejército e integrantes de la fiscalía, quienes
actuaron en contubernio con personal corrupto de la Guardia
Nacional y la Disip venezolanas.
Las autoridades colombianas partían del supuesto que
al presentarme como terrorista y narcotraficante "capturado
en la ciudad colombiana de Cúcuta", se anotarían
un rotundo triunfo en su lucha contra las FARC-EP. De ahí
sus esfuerzos por hacerme aparecer como el Canciller de nuestra
Organización y Comandante de primera importancia en las
filas guerrilleras, negándome de paso la condición
incontrovertible de sencillo soldado de la revolución.
Los halagos y las ofertas de dinero y ubicación en el
exterior, con familia incluida, se mezclaron con las amenazas
de extradición a los Estados Unidos o al Paraguay, y
con el chantaje de que "no volvería a ver la luz del
sol porque los procesos judiciales montados en mi contra no
estaban pegados con babas", según palabras de mis captores.
Solo me quedaba la opción, según ellos, de que admitiera
mentir para involucrar al Presidente Hugo Chávez y la
revolución venezolana en asuntos de la insurgencia colombiana,
y la de aceptar volverme colaborador perpetuo del ejército
regular y de los órganos de seguridad del Estado paramilitar
y mafioso delatando a mis camaradas y entregándoles al
Comandante Raúl Reyes.
Solo repulsión y asco producen los generadores de semejantes
propuestas y los encargados de presentarlas.
La valentía de una variada gama de intelectuales de
todo el mundo, de personas demócratas, de organizaciones
populares venezolanas y colombianas y de un amplio número
de periodistas denunciando el rapto, como también y sobre
todo el comunicado del Secretariado Nacional de las FARC-EP
exigiendo respuesta de lo que había sucedido conmigo,
impidieron que la maniobra uribista quedara en la impunidad.
El mundo conoció la verdad de un secuestro de Estado
realizado por el gobierno colombiano violando la soberanía
de un país que más que amigo, es un hermano en el
concierto de las naciones hijas de Bolívar.
La peregrinación por las cárceles de máxima
seguridad del país; la comparecencia frente a fiscales,
jueces y tribunales venales se convirtió en la cotidianidad
que buscaba un fin único: la condena del procesado sin
importar el grado de inocencia en torno a los amañados
juicios que se montaron. Era un problema político cuyo
manejo lo tenía el ejecutivo y donde los jueces claudicaron
vergonzantemente al momento de "fallar en conciencia", mostrando
para qué existe la justicia de clase y cómo se aplica
en forma de revancha contra los luchadores populares.
Veintiún años de sentencia les pareció poco;
por ello tienen caminando otros procesos de la infamia para
seguir incrementando los lustros que debo permanecer en sus
fortalezas carcelarias, verdaderas mazmorras de la indignidad
donadas por el Buró de Prisiones de los Estados Unidos.
Atónito debió quedar Uribe cuando el Presidente
de Francia Nicolás Sarkozy pidió mi liberación.
Solo alcanzó a exclamar que "primó la confianza
sobre la curiosidad y por ello se abstuvo de preguntar razones".
Este gesto de Sarcozy dio un vuelco total al caso Granda.
Los agoreros y los fabricantes de la posible extradición,
los que pedían cadena perpetua sin que tal pena esté
consagrada en los códigos de nuestro país, y algunos
que se lamentaban de que no se aplicara la pena de muerte
en Colombia, quedaron decepcionados. El para ellos "criminal",
saldría del penal con la frente en alto a "delinquir"
nuevamente.
Jugando con cartas marcadas el gobierno colombiano quiso
aprovechar, para sus propios fines y torcidos intereses, la
petición de Sarkozy. Este había pedido al Sr. Uribe
simplemente que me liberara; nada más. Pero el gobierno
comienza a maquinar en torno a ese pedido francés una
oportunidad para sacar ventajas políticas mostrando toda
la hipocresía de su "corazón grande".
Es entonces cuando el Director nacional del Inpec, General
Eduardo Morales Beltrán, se desplaza hasta la cárcel
de castigo de máxima seguridad de la Dorada (Caldas),
para auscultar si Granda tenía algo en contra para entrevistarse
con el "Alto Comisionado para la Paz" del gobierno de Uribe,
a lo cual respondí que no había ningún inconveniente.
Al día siguiente del encuentro con el General, éste
regresó en compañía del Comisionado Dr. Restrepo,
quien expone frente a mi persona y Jhon Jairo, compañero
delgado por los combatientes de las FARC en prisión,
que el gobierno ha tomado la determinación de liberar
a más de 200 integrantes de la guerrilla de una lista
de 1.600 detenidos que, según ellos, tenían en las
diversas cárceles; cifra a todas luces inflada y falsa.
La idea era que Jhon Jairo, de la Columna Tulio Barón
de las FARC y Granda, encabezaran la desmovilización
de combatientes desde la cárcel, puesto que con ello
el gobierno pretendía desempantanar el acuerdo humanitario
del canje y propiciar acercamientos hacía los diálogos
de paz en la búsqueda de una salida al conflicto que
vive Colombia. Consecutivamente se nos indagó si habría
un gesto de reciprocidad de las FARC ante la eventual puesta
en libertad de nosotros dos y del resto de camaradas; planteó
el Dr. Restrepo que las condiciones para liberarnos eran:
renunciar a ser integrantes de las FARC, no regresar a la
montaña, no atacar a la fuerza pública ni a la población
civil, no secuestrar y no volver a delinquir. Propuestas,
en fin, ofensivas e inaceptables para nosotros en tanto se
nos trataba como delincuentes comunes dejando de lado, en
mi caso el carácter de secuestrado por el Estado colombiano
y el de prisioneros de guerra en los casos de los otros compañeros.
Obviamente, de plano nos negamos a aceptar tales condiciones,
con lo cual la reunión terminó abruptamente. El
Comisionado Restrepo y el General Morales no tuvieron más
remedio que retornar a Bogotá y nosotros a la calurosa
y oscura celda.
Al mismo tiempo que se nos presentaba la propuesta en la
Dorada, las demás cárceles a lo largo y ancho del
país eran visitadas por un enjambre de fiscales, delegados
del Comisionado para la Paz y algunos jueces, llevando a los
integrantes de las FARC el mensaje de que el gobierno los
dejaría en libertad siempre y cuando llenaran un formulario
en el que debían aceptar las mismas condiciones indignante
que nos había presentado el Dr. Restrepo a nosotros.
Cuando menos lo esperábamos, nuevamente recibimos la
vista de Restrepo y Morales. El Comisionado expuso que el
gobierno estaba dispuesto a indultarnos, a amnistiarnos, o
a que nos acogiéramos a la "Ley de justicia y paz", y
que entonces quedaríamos bajo la tutela de la Cruz Roja
Internacional, la Iglesia, o si preferíamos podríamos
salir hacia el extranjero; pero que en todo caso debíamos
aceptar las ya mencionadas condiciones. Nosotros nos sostuvimos
en nuestra primera respuesta: el NO claro y absoluto.
Hasta ese momento desconocíamos las gestiones y el pedido
de Sarkozy. De ello el comisionado jamás habló.
Es ante la segunda negativa y en otra conversación, cuando
el comisionado se ve obligado a plantear lo que estaba ocurriendo,
expresando: "el gobierno ha tomado la decisión de dejar
en libertad a Grada. Esto no se hace extensivo a Jhon Jairo.
Es un gesto unilateral del gobierno que por razones de Estado
así actúa atendiendo la solicitud del Presidente
Sarkozy de Francia. Saldrá un decreto presidencial que
ya se ha consultado con los jefes de los partidos políticos,
la iglesia y las cortes, amparado en razones de Estado para
poder proceder. No vengo a negociar nada y el gobierno le
ofrece a Granda que se meta en una Embajada, o que esté
en manos de la iglesia transitoriamente, mientras se consulta
con los gobiernos de Francia, Suiza o Cuba para que salga
para alguno de esos países. Si se niega a abandonar el
presidio, el Estado colombiano hará uso de todo su poder
y de la fuerza para sacarlo y ponerlo en las puertas de la
cárcel. Esto se hará antes del 7 de junio del 2007
en que el presidente Uribe comparecerá antes los medios
de comunicación para hacer el anuncio público y
explicar las razones de Estado que lo llevaron a tomar la
determinación de la liberación de Granda y otros
guerrilleros de las FARC".
Ante la situación creada tomamos contacto con el Padre
Darío Echeverri, secretario de la Conferencia Episcopal
Colombiana y con el agregado político de la Embajada
de Cuba en Colombia, señor Antelo, para ver como podrían
colaborar con mi estadía transitoria en uno de esos lugares,
a fin de evitar un posible atentado en mi contra, lo cual
de tiempo atrás se venía fraguando dentro de la
cárcel y que, al quedar libre en la Dorada, podría
fácilmente ejecutarse por instituciones oficiales o sus
paramilitares.
El Decreto presidencial de mi excarcelación se expide
el 4 de junio y se ejecuta en el acto. Allí el gobierno
invoca las razones de Estado y agrega que me nombra "gestor
de paz", un supuesto cargo que no existía y que mal podría
aceptar en tanto que como guerrillero obedezco ordenes de
los organismos superiores de las FARC-EP, que son los que
me dicen que labor debo desempeñar, y no Uribe Vélez.
Añadiría que todos los mandos y combatientes de
las FARC-EP son verdaderos propulsores de la paz con justicia
social sin necesidad de que se produzca un nombramiento por
decreto, y menos del Presidente. Se trabaja en ese aspecto
por convicción y por llevar la felicidad a nuestro pueblo
como deber de quienes nos reclamamos revolucionarios.
De la Cárcel Doña Juana de la Dorada (Caldas),
fui entonces trasladado en helicóptero a la base aérea
de Palanquero y de ésta en un avión a cargo del
Comisionado. En su compañía y la del padre Darío
Echeverri fui llevado a Bogotá. La Iglesia brindó
los aposentos de la Conferencia Episcopal para mi estadía
en esa ciudad mientras se definía lo atinente a mi permanencia
transitoria en Cuba, Suiza o Francia como únicos destinos
posibles por la razón de que el gobierno se negó
a repatriarme a mi segunda patria que es Venezuela, cuya ciudadanía
adquirí mediante todos los procedimientos de ley. También
me fue negada mi solicitud de ir al Ecuador o al Brasil.
Por acuerdo entre los gobiernos de Cuba y Colombia, y contando
por mi parte con la autorización del Secretariado Nacional
de las FARC-EP fui trasladado a la Isla en un vuelo charter
en que mis acompañantes fueron, nuevamente el padre Darío
Echeverri y uno de mis abogados, el brillante jurista Miguel
Ángel González. Una representativa comitiva del
Estado y del Partido Comunista Cubano encabezada por Armando
Campos y José Antonio López tuvo la deferencia de
recibirnos en el aeropuerto José Martí de la Habana.
El Consejo de Estado y luego El Partido Comunista de Cuba
asumieron desde mi llegada las impecables y cálidas atenciones
de las que fui objeto en los más de tres meses que permanecí
en la patria de Martí, de Fidel y del Che, recibiendo
esa inmensa fraternidad que tan generosamente mana de tan
heroico y maravilloso pueblo.
Gratas sorpresas nos da la vida. Hoy por decisión soberana
de las FARC-EP, el Secretariado Nacional de la Organización
considera que debo retomar las tareas que realizaba en torno
al Canje Humanitario, y proseguir con mis modestos esfuerzos
que se suman a los de todo el colectivo Fariano que batalla
por encontrar una salida diferente a la guerra impuesta por
la terquedad de Uribe.
Sin dejar a Cuba, porque ella estará siempre en mi corazón,
con ese magnánimo propósito mencionado, volví
a Caracas y el 8 de Octubre, día del Guerrillero Heroico,
pude estar de nuevo en los siempre añorados campamentos
insurgentes, dándome el abrazo bolivariano de camaradas
y hermanos con quienes en ese hermoso instante representaban
a los millares de guerrilleros y guerrilleras que combaten
por la Nueva Colombia. Ahí estábamos otra vez con
Iván Márquez, Santrich, Lucia, Marco Calarcá
y cientos de combatientes que jamás me abandonaron como
no abandonarán a los nuestros en prisión, celebrando
el exitoso regreso a la montaña con una felicidad infinita
que extendemos con una señal de victoria a todos los
combatientes de Manuel, en las cárceles, en los valles,
cordilleras, montañas y ciudades de Colombia, con la
certeza de que en nuestro regocijo va también la esperanza
del pueblo que anhela la paz.
Aquí estamos en la montaña, se equivocan quienes
creen que desde aquí delinquimos. Estamos cumpliendo
el sagrado deber de luchar por la Nueva Colombia, la Patria
Grande Bolivariana y el Socialismo.
09:03 AM. Nacional y Política. Funcionarios en Uganda, incluido el secretario del Presidente Yoweri Museveni, dijeron que Amin dirigió de forma brutal el país en los años 70. Chávez afirmó que el dictador africano era un nacionalista y un patriota.
Mariángela Lando
Fanáticos del cable
Tener la vida de otro ser humano en las manos debe ser muy duro. Y fallar en la (...)
Efrain Ruiz
Beisbol 13
Nueva York .- Comencemos aclarando algo: Eduardo Pérez no le costó el juego del (...)
Angela Harbauer
Arqueología gastronómica
El té de tilo es sedante. Sí, al igual que la hierba llamada pasiflora o (...)
Víctor David Melo Zurita
Mordida de tiburón
En mala hora se vino a caer la ofensiva de los Tiburones. Ahora que el cuerpo (...)
Magdalena Calvo de Sosnowshy
Familia y Flores de Bach
No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, (...)
Ernesto Linzalata
42 kilómetros
A pasos agigantados marcha la organización del Maratón Navidad 2009, a (...)
Antonio Castillo
El Leonático
De nuevo la combinación de resultados nos lleva en solitario a la cima, pero (...)
Mayte Navarro
Entre grandes cacaos
Hoy les voy a comentar a cerca del desfile que para mi es el más bonito del (...)
Guía Turística
¡Buen viaje!
En vuelo desde de Shanghái, (China) y tras una breve escala en Singapur, (...)
Aliana González
Caracas bipolar
El 13 de noviembre de 2007 murió de dengue en el hospital Los Magallanes de (...)