Pekín.- El juego norcoreano con el
posible lanzamiento de un misil ha colocado en una situación
delicada a China, país mediador. El gobierno de Pekín,
expresó hoy su "gran preocupación por la actual
situación", en las declaraciones más contundentes
realizadas hasta el momento.
Sin nombrar a Corea del Norte, insta a "todas las partes"
a "hacer más por la paz y la estabilidad en la región",
algo a lo que con toda seguridad no contribuye el lanzamiento
de un misil balístico intercontinenteal, tal como parece
que tiene previsto hacer el gobierno de Pyongyang.
"China está siempre entre Estados Unidos y Corea del
Norte. Unas veces se acerca más a Estados Unidos, otras
a Corea del Norte", expone el dilema el catedrático Shi
Yinhong, de la Universidad Popular de Pekín.
Aunque el país socialista hermano, que durante la Guerra
de Corea luchó contra Estados Unidos apoyando al norte
quizás sea el único amigo de Pyongyang, algunos
funcionarios del Ministerio del Exterior señalan que
la palabra de Pekín tiene poco peso en Corea del Norte.
"La influencia es limitada. No sólo son independientes,
sino también muy nacionalistas", afirma el experto Shi
Yinhong.
"Siempre toman nuestra ayuda, pero no necesariamente escuchan
nuestros consejos". Si Corea del Norte sólo está
fanfarroneando y no ha suministrado combustible al misil,
es algo que las fuentes chinas desconocen. Pero sí que
hay una cosa de la que Pekín está seguro. El lanzamiento
del misil complicaría mucho más la situación.
No obstante, Shi Yinhong no cree que se esté dando "una
situación muy peligrosa", ya que Estados Unidos no va
a entrar en guerra y el desarrollo de armas nucleares en Corea
del Norte tampoco se ha acelerado.
En los esfuerzos por reanudar las conversaciones para poner
fin al programa de armas nucleares con la mediación de
China, Shi Yinhong considera que se avecina "una época
dura de entre tres y seis meses".
Las conversaciones a seis bandas (en las que también
participan Corea del Sur, Rusia y Japón), "quedarían
paralizadas o estarían a punto de morir". Estados Unidos
y Japón presionarían más a Corea del Norte
y remitirían el caso al Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas.
Los motivos que han conducido al nuevo ruido de sables norcoreano
son un enigma, según el catedrático, quien apunta
que los factores políticos internos desempeñan un
papel mayor que el que se puede percibir desde fuera.
Tanto Estados Unidos como Corea del Norte creen que la declaración
conjunta a mediados de septiembre sólo se pudo alcanzar
con la disposición al compromiso de Pyongyang. Pero luego
Washington inició un camino duro con sanciones económicas,
quizás porque no está realmente interesado en una
solución, opina el catedrático.
Es sólo una hipótesis, estima Shi, pero aquel que
en Corea del Norte hubiese apoyado las concesiones sobre el
papel, ahora podría estar en dificultades. "Dos meses
después, otros habrán preguntado: ¿y qué
se obtuvo? Sanciones", aporta el experto para la reflexión.
"Según nuestra experiencia, la política exterior
en un país de esas características depende completamente
de la política interior".
Desde su punto de vista, las negociaciones directas que exige
Pyongyang entre Corea del Norte y Estados Unidos y que Washington
rechaza podrían aportar "resultados positivos".
Sin embargo, el gobierno en Pekín sólo las respaldaría
si el diálogo tuviese perspectivas claras de éxito.
"Pero si esas conversaciones entorpecen el marco de las conversaciones
a seis bandas, eso sería más una pérdida que
una ganancia", afirma Shi Yinhong.
Fuente: DPA