La existencia de una clase política preparada se hace cada vez más evidente en los países que pugnan por ser parte del Primer Mundo. Para bien o para mal, el viejo dicho de que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, cobra poderosa vigencia.
Los jefes de Estado, de Gobierno y hasta reyes, son cada vez más producto de una intensa preparación que se canaliza hacia el exigente mundo competitivo de hoy. Mundo que será cada vez más así; sin dejar espacio para aquellos que no comprenden que una élite no significa "niño estúpido hijito de papi y mami", sino que élite es superación intelectual y escogencia descollante de los mejores. Hay élites obreras, deportivas, militares, literarias, científicas, intelectuales, económicas, universitarias y políticas o simplemente de conocimientos. Y no son malas, siempre y cuando sean producto de dar oportunidades a todos, pero teniendo claro que, en algún momento, hay que elegir o seleccionar. En el primer mundo son las fuentes del avance.
Colombia ha dado ejemplo al reelegir a Alvaro Uribe; egresado de Harvard y ex profesor de Oxford; primero alcalde, luego gobernador y después presidente. Claro que no hay ciento por ciento de seguridad que los más preparados siempre tengan un desempeño excelente, pero a ellos, con una mezcla de experiencia, debe dárseles las opciones. Uribe ha operado un cambio increíble para Colombia. Paso a paso le ha ido quitando gran parte de la aureola de país del narcotráfico y ha logrado que se le reconozca su lucha antidrogas. Los viejos capos ya no están. Se ha aliado a Estados Unidos y es su principal aliado en Suramérica. Un ventajoso TLC con EEUU permite el ingreso de sus productos a ese país, mientras mantiene su participación en la CAN, el G3 y su reciente acuerdo en materia energética con América Central, Panamá y México.
Ha creado cada vez más empleos fijos atrayendo inversiones y empresas para destruir la pobreza, la cual ha puesto en 50% del total de su población y pese a tener una guerra con las FARC y el ELN. Su pueblo le ha premiado polarizándose con él a la centro-derecha. Ha desarbolado a los partidos, Liberal y Conservador, creando una nueva realidad política que puede servir de modelo a otros pueblos que quieran dejar de ser pobres.
En un país básicamente exportador de café y flores, Uribe ha empezado a abrir camino a otras exportaciones, mientras trata de producir el petróleo que posee. Pero su riqueza mayor son sus cuadros, sus equipos humanos, sin los cuales bien poco podría hacer en la lucha por llevar a Colombia a ser un país competitivo en un mundo fuertemente dirigido a esa conducta.
Relaciones con la Venezuela de Hugo Chávez tendrá, pero no una alianza política sincera en los próximos cuatro años; la brecha de pensamiento y obra política es muy honda y crecerá mientras se consolide la revolución neomarxista y neocomunista con Chávez al frente. Negocios necesarios habrá, pero las relaciones no irán más allá de lo indispensable entre ambos. Se han perdido 33 años de integración y muchos mercados naturales ya establecidos entre ambos países desaparecerán, pero Uribe demuestra, al buscar opciones, no depender para nada de Venezuela. Ni en la CAN ni en el G3. ¡Vaya lección!