La Paz. Dos años después de la renuncia del
ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en medio de fuertes
protestas, los bolivianos volverán mañana a las urnas
para configurar un gobierno que inicie una nueva gestión
y cierre la etapa transitoria que encabezó en los últimos
meses el presidente Eduardo Rodríguez.
La inédita elección espera cerrar el ciclo de inestabilidad
que se abrió con la salida de Sánchez de Lozada
y de su sucesor, Carlos Mesa, cuya dimisión llevó
en junio pasado a Rodríguez, titular de la Corte Suprema,
al Gobierno, informó DPA.
Las horas previas a las elecciones, sin publicidad ni manifestaciones
políticas, y cuando la población abarrota los
almacenes en ávida búsqueda de regalos de Navidad,
contrasta con la convulsión social que se vivió
a mediados de este año y que llevó precisamente
a estos históricos comicios.
Bolivia, un país de nueve millones de habitantes,
celebra estos comicios dividida entre el ex presidente
Jorge Quiroga y el líder cocalero Evo Morales, puntero
en las encuestas y quien podría convertirse en el
primer presidente indígena en 180 años de historia
del país.
Morales tiene posibilidades de alzarse con el triunfo
electoral pues los sondeos le dan una intención
de voto cercana a 35% y una ventaja de entre 6 y 8 puntos
sobre Quiroga, el único entre los siete candidatos
restantes que puede hacerle sombra.
La pugna cerrada por la Presidencia entre Quiroga
y Morales es un reflejo de la polarización de
un país dividido en dos zonas perfectamente diferenciadas:
el oeste andino y pobre de aymaras y quechuas, donde
está La Paz, y el este más industrializado
y rico con el liderazgo de Santa Cruz, que tiene sueños
autonomistas.
Morales propuso a Estados Unidos "narcotráfico
cero" en vez de hoja de "coca cero", después
de que Washington dijera esperar que el ganador
de las elecciones en el país andino mantenga
la política antidrogas.