La Paz. El presidente de transición de Bolivia,
Eduardo Rodríguez Veltzé, es él mismo expresión
de la profunda crisis de su país. Sólo en el último
momento, las partidos enfrentados acordaron que el hasta ahora
presidente de la Corte Suprema suceda a Carlos Mesa, que presentó
su dimisión el pasado lunes.
A favor de Rodríguez Veltzé habló el hecho
de que no representa a facción política alguna y
que será sólo administrador del poder, indicó
DPA.
No ha dejado ver otras ambiciones, aparte de la organización
de elecciones anticipadas para la elección de un nuevo
jefe de Estado.
Muchos bolivianos se preguntan por eso con temor si,
como puro administrador del poder, podrá guardar
en los próximos meses al país desgarrado de
caer en más caos.
A punto estuvieron el Parlamento y los movimientos
de protesta social de no poder ni siquiera ponerse de
acuerdo sobre Rodríguez Veltzé. Por las protestas
en la ciudad sede del Gobierno, La Paz, los parlamentarios
tuvieron que irse a la capital, Sucre.
Sólo cuando el presidente del Senado, Hormando
Vaca Díez, denostado por los movimientos indígenas,
renunció a su derecho constitucional para suceder
a Mesa, el camino quedó libre para Rodríguez
Veltzé.
Y con ello, también en este país suramericano
se perfilan posibilidades para un gobierno crítico
con Estados Unidos. En las elecciones parlamentarias
anticipadas, que tendrán lugar como muy tarde
en seis meses, las fuerzas de la izquierda, encabezadas
por el líder cocalero Evo Morales, pueden tener
importantes oportunidades de victoria.
La lucha de poder entre los pobres, que son muchos,
y los ricos, que son muy pocos, prende en la utilización
de las riquezas del subsuelo, sobre todo de las
inmensas reservas de gas. Manifestantes, sobre
todo los indígenas perjudicados durante mucho
tiempo, mantienen paralizadas desde hace semanas
La Paz y muchas carreteras que llevan a los países
vecinos. Exigen la estatificación de la extracción
del gas.
Las provincias ricas en gas, en las que la
clase alta es la que decide, pretenden evitar
la estatificación dando más autonomía.
E incluso circula el fantasma de la separación
del resto del país.
No obstante, la nacionalización de la
industria del gas podría poner al país
en un grave dilema. El país no puede
permitirse pagar indemnizaciones a los inversores
privados. Una expropiación traería
consigo también altas sumas como resarcimiento
que el país no puede permitirse.
La consecuencia sería un aislamiento
internacional.