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OEA Y BOLIVIA / La resolución final "es mucho mejor de lo que podía esperarse"
Roberto Giusti // El pecado de Hugo y Evo

Mientras la Organización de Estados Americanos tenía uno de los encuentros más convulsionados de las últimas décadas, signado por la confrontación, entre EEUU y Venezuela, la crisis política de Bolivia seguía -y sigue- creciendo sin que hasta el momento se vislumbre una salida efectiva.

La relación entre  Hugo Chávez y el líder de los sembradores de coca del Chapare, Evo Morales, ha sido tan estrecha, tan cercana y tan efusiva a lo largo de los últimos años, que mientras el presidente venezolano llegó a afirmar, a finales de 2004, que Morales era "el líder más importante" de Bolivia y se perfilaba como presidente de su país, el indio quechua no ha escatimado oportunidad para expresar su admiración  por quien funge como su mentor político, definiéndose como militante bolivariano deseoso de "liberar los pueblos latinoamericanos" de la férula imperialista.

La afinidad ideológica y la identidad de propósitos políticos, cimentadas durante los últimos años y compartidas con Fidel Castro y líderes de la izquierda ex guerrillera del continente, como el salvadoreño Shafik Nadal,  resultan tan evidentes que nadie puede negarlas. Entonces, ¿cómo puede el canciller Rodríguez Araque rechazar "indignadamente" las acusaciones del jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina, Roger Noriega, quien ha responsabilizado a Chávez por el papel jugado en la crisis política boliviana?

Pues con mucha dificultad porque las protestas del intervencionismo chavista en los asuntos internos de "la hija predilecta del Libertador" se remontan a los tiempos de la presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien denunció que Chávez estaba detrás de los disturbios que culminaron con sus salida del poder. Pero desde entonces las acusaciones han fluido sin cesar, una de ellas de parte del también ex presidente Jorge Quiroga, quien en diciembre del año pasado  escribió una carta a Chávez , luego de que éste ungiera como próximo presidente de Bolivia  a Morales, advirtiéndole que  "el futuro político de mi país sólo nos compete a los bolivianos" y acotándole que "la relación entre países y sus gobiernos no pueden verse contaminadas por expresiones y acciones que rayan en la intromisión".

Luego hubo imputaciones como la de Otto Reich, ex subsecretario de Estado Norteamericano, quien en un reciente artículo de prensa señalaba que un agregado militar de la embajada venezolana en La Paz fue sorprendido por las autoridades de ese país con una maletín lleno de dinero destinado a las actividades subversivas del MAS. También se especuló  sobre  el papel que habría jugado el  venezolano Miguel Quintero, quien trabajó con José Vicente Rangel en la cancillería, como enlace y proveedor de fondos para los grupos indigenistas de Ecuador y Bolivia.
Pero más allá de las denuncias, un hecho cierto es que el guión seguido por Evo Morales se asemeja, en el método y los objetivos, a la estrategia para la toma y el ejercicio del poder por parte de su mentor venezolano. Morales, sobre una base política y social sustentada en campesinos,  mineros y  habitantes de las zonas más pobres de las ciudades del altiplano, ha persistido en una sistemática acción subversiva y desestabilizadora que logró derrocar dos presidentes bajo las banderas de la soberanía nacional, la reivindicación de la población indígena, la nacionalización de los hidrocarburos, la salida al mar, el antiimperialismo, la antiglobalización y  el antineoliberalismo.
Luego de consumarse la salida de Sánchez de Lozada, dieron al traste con los intentos de su sucesor,  Carlos Mesa, por pacificar el país, controlar las intentonas separatistas  y llevarlo hasta las elecciones.  Su última tentativa fue la de suscribir lo que era una de las propuestas fundamentales de Morales, la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, que finalmente naufragó porque ese debe ser el próximo paso en la estrategia de Morales en su avance hacia la Presidencia, en un accionar político con no pocas características similares al de Chávez. Sólo que las expectativas creadas, el estado de caos, la amenaza de la guerra civil y el altísimo nivel de rechazo que tiene Morales (59%) le harán muy dificultoso la última etapa de su camino hacia la Presidencia y ahora le tocará probar un poco del mismo y amargo chocolate que le administró a Mesa y Sánchez.



 
 
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